SANTIAGO / LA PAZ – El denominado «Triángulo del Litio», conformado por Chile, Argentina y Bolivia, se ha convertido en el epicentro de una intensa disputa comercial entre potencias de Occidente y Asia. Con el aumento de la demanda de vehículos eléctricos, el control de las reservas de este mineral es ahora una prioridad de seguridad nacional para las principales economías.

Empresas tecnológicas han anunciado inversiones multimillonarias para asegurar contratos de extracción a largo plazo. Sin embargo, comunidades locales y grupos ambientalistas exigen regulaciones más estrictas sobre el uso del agua en las zonas mineras, planteando un dilema ético y económico sobre el costo real de la transición energética global.